Víctor Fernández abre la maleta de la razón


He viajado. He recorrido diversos senderos polvorientos que reclamaban los pasos perdidos de quien no tiene otra meta que andar y rogar que el camino se largo. Que sean muchos los amaneceres, que cantó el poeta. 

He viajado. He podido conocer otras miradas, saborear otros perfumes y degustar otras sonrisas. He aprendido a respirar las mañanas y entre tanta bruma sé que hay vida tras la derrota.

Supe en la lejanía de la victoria del Pontevedra sobre el Real Zaragoza. Aquella noche sostuve la tristeza apenas unos minutos y rescaté de entre los rescoldos varias frases que me ayudaron a dormir. Fue difícil, pero mereció la pena el tesón que empleé para encontrar una luz que me cobijara en medio de tanta negra desesperanza. 

Hoy he escuchado la entrevista a Victor Fernández que emitió Aragón Radio el pasado jueves, día 15 de Noviembre. He preferido hacerlo así, lejos de la tormenta, apartado del huracán que supone una humillación como la que habíamos sufrido en Pasarón. La he escuchado con atención, manchado con un punto de maldad, con intención de desprender toda mi rabia y encontrar el culpable del crimen, como en las buenas películas en las que siempre hay un culpable. Y lo he hecho con la técnica del “flash back”, sabiendo quién es el malo desde un principio y retrocediendo en la historia para explicar los hechos, conociendo de antemano a quién condenar. He sido malvado, prejuicioso, avieso y unas cuantas cosas más. Pero…

Pero. Una vez más, Victor Fernández ha tirado por el recoveco más lateral, ha desmontado el tópico del entrenador que no maneja más allá de tres balbuceantes frases marcadas a fuego en el manual del pelotonero al uso y se ha explicado. No quiero decir que todas sus reflexiones hayan satisfecho mi curiosidad o hayan calmado el dolor de mis heridas, pero sí me atrevo a expresar mi convencimiento de que el Real Zaragoza está en buenas manos. No las mejores, porque esas siempre son las que no sujetan las riendas del conjunto en el momento que hablemos, pero sí las adecuadas. Ha mostrado sus cartas, ha ofrecido razones que aportan luz y sentido común, ha aflojado la billetera del raciocinio y le ha dicho al mundo que cree en sí mismo, en sus jugadores y en su afición. Y le aplaudo.

Por motivos que no vienen al caso, me he visto reflejado en su discurso, mostrado en su planteamiento y exhibido en su alegato. Nadie que haya trabajado con grupos humanos y los haya liderado encontrará una sola objeción a sus palabras, pues nos muestran a una persona madura, consciente y conocedora del alma humana. Si a estos oropeles le añadimos sus conocimientos futbolísticos, será fácil llegar a la conclusión de que el Real Zaragoza tiene al frente a un entrenador capaz de todo. Sí, de todo.

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