Ilusión o victoria (Real Zaragoza, 1 – Racing, 1)


(por Juan Antonio Pérez Bello)

“Conocí aquella tarde a Eduardo. Tenía unos ojos traidores y unas manos falsas como una tormenta seca. Nadie supo o quiso decirme que su amistad era una trampa que yo mismo había fabricado.”

Este fragmento pertenece a una novela que mi mejor amigo está escribiendo desde hace varios años y soñando desde hace varias vidas, y es un texto que me ayuda a explicar lo que este sábado ocurrió en La Romareda. El encuentro entre el Real Zaragoza y el Racing de Santander no lo dibujó la lealtad y la honestidad de que son modelo los clubs británicos, sino la argucia deportiva, la artimaña futbolística, la falacia física. A los escribidores habituales es fácil leerles que el Racing es un equipo “muy bien armado tácticamente”, “bien trabajado en la organización” o “estratégicamente correcto”. Es posible, incluso probable, que todo eso sea cierto, pero también es verdad que Nicole Kidman es una actriz esplendorosa pero nunca nos ofrecerá en toda una película el mágico brillo que nos brinda Maribel Verdú en una sola frase.

Hemos podido escuchar que el Zaragoza es un equipo poco musculado, errático en su organización e incapaz en la creación, pero el sábado yo vi a un grupo de artistas ágiles en la prosa, atrevidos en el color y emocionados con las melodías que escribían. Sólo los poetas que vestían de azul y blanco proponían belleza en el toque, virtud en el golpeo y valentía en el pase. Cada jugador zaragocista luchó por sentirse intérprete de su propia creación y eso llevó al equipo a construir un partido repleto de ráfagas y arpegios, sin la continuidad del fútbol tosco y mortecino de los equipos construidos con tosco cemento, es verdad, pero congraciado con la divina intención de agradar y ser grandes en la genialidad.

Hablando en plata: el Zaragoza quiso jugar al fútbol, lo quiso hacer bien, chutó a puerta en casi una decena de ocasiones, hizo internacional a Toño, que aún no se cree dónde le nació la mano que sacó el cabezazo de Diego y alumbró chuts relampagueantes como el que D’Alessandro se inventó o el que Ricardo mostró al mundo (¡Dios, si ese disparo al palo llega a romper el espinazo de la red cántabra!). Todo esto lo puede hacer, lo sabe hacer, lo quiere hacer un ejército que vive en la construcción, en la creación, en la fertilidad. Todo esto no se entrena, no se aprende, no se enseña: vive en la sangre azul de los príncipes y crece en los corazones elegantes como el de Oliveira, ardientes como el de Diego, voluntariosos como el de Pablo, fieros como el de Fabián.

A mí me gustó el Zaragoza, me gustó su propuesta, me enamoró su promesa de futuro, me hace anhelar tardes/noches cálidas y voluptuosas. Eso, todo eso, puede ocurrir con el Zaragoza. Nunca, sin embrago, lo podrán ofrecer los equipos “organizados”, “armados”, “trabajados”. No me gustan los equipos con ojos traidores y manos falsas como una tormenta seca. Eso, queridos, no es fútbol. Por lo menos, no es mi fútbol.

Anuncios

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s